La corredora de la Cuenca Carbonífera completó un exigente recorrido de 72,8 kilómetros en el Ultra Fitz Roy de El Chaltén y obtuvo el segundo puesto en su categoría y el quinto lugar en la clasificación general. En una entrevista radial, contó cómo vivió el desafío, destacó la preparación física y nutricional que realizó y anticipó que su próximo objetivo será alcanzar los 100 kilómetros. También llamó a otros corredores a confiar en sus posibilidades y no abandonar sus metas.

El trail running continúa ganando espacio en la Cuenca Carbonífera y sus protagonistas empiezan a dejar una marca destacada en competencias de exigencia nacional e internacional. Una de ellas es Silvia Inostroza, quien completó una de las pruebas más desafiantes de su trayectoria deportiva: los 70 kilómetros del Ultra Fitz Roy, disputado en El Chaltén, donde terminó recorriendo 72,8 kilómetros, obtuvo el segundo puesto en su categoría y alcanzó el quinto lugar de la clasificación general.
En diálogo con el programa radial Voces Andariegas, la deportista compartió las sensaciones que le dejó la competencia, el esfuerzo que implicó llegar preparada a la largada y la satisfacción de haber superado una distancia que, hasta hace poco, parecía estar más allá de sus propios límites.
“Hoy no lo puedo creer lo que logré. Estoy cayendo de a poco”, expresó, todavía sorprendida por el resultado. A pesar de la exigencia del recorrido, aseguró que terminó en buenas condiciones físicas y atribuyó buena parte de ese rendimiento al trabajo de entrenamiento y alimentación que realizó antes de la carrera.
El resultado no solo significó un nuevo logro personal. También se convirtió en un motivo de orgullo para la comunidad de la Cuenca Carbonífera, que sigue de cerca el crecimiento de los corredores de la región y su participación en pruebas de montaña cada vez más exigentes.
Una carrera de montaña que puso a prueba su resistencia
El Ultra Fitz Roy se desarrolla en el entorno natural de El Chaltén, con un recorrido que combina largas distancias, desniveles pronunciados y senderos de montaña. En este tipo de competencias, la preparación no se limita a correr: también es necesario administrar la energía, mantener la hidratación, alimentarse durante el trayecto y adaptar el ritmo a las características del terreno.
Silvia contó que largó a las cinco de la mañana y que, durante el recorrido, atravesó distintos puestos de hidratación y asistencia ubicados aproximadamente en los kilómetros 12, 20, 30 y 50.
En esos puntos, los participantes podían detenerse brevemente para tomar líquidos, comer, reponer energías y, en determinados sectores, cambiarse de ropa o calzado antes de continuar.
La corredora explicó que en algunos puestos siguió adelante sin realizar cambios, una decisión que después le dejó aprendizajes para futuras competencias. En particular, señaló que el estado de sus pies terminó afectándola durante los últimos descensos, por lo que consideró que cambiarse las medias o el calzado podría haberle permitido afrontar mejor ese tramo.
Sin embargo, destacó que logró sostener el esfuerzo gracias a la alimentación y la hidratación que había planificado.
Durante la semana previa, según relató, cuidó especialmente su alimentación, incorporando pastas, huevos y pescado. Ya durante la competencia consumió distintos alimentos disponibles en los puestos, entre ellos papas fritas, frutas, membrillo y productos dulces.
La experiencia le confirmó la importancia de prepararse para una prueba de larga distancia, en la que cada decisión puede influir en el rendimiento y en la posibilidad de completar el recorrido.
Del kilómetro 50 al final: el desafío más duro
Aunque Silvia aseguró que pudo transitar buena parte de la carrera con buenas sensaciones, reconoció que el tramo final fue el más exigente.
“Para mí, kilómetros 50 lo llevé re bien. Del 50 al 70 fue tremendo”, recordó durante la entrevista.
En esa última parte debió afrontar una subida de montaña con un desnivel positivo cercano a los mil metros, una exigencia que la obligó a caminar durante el ascenso para luego continuar corriendo en la bajada.
El terreno, el cansancio acumulado y las dificultades físicas propias de una prueba de estas características pusieron a prueba su resistencia. Aun así, la deportista destacó que el paisaje y la experiencia compartida con otros participantes hicieron que el esfuerzo valiera la pena.
Durante distintos tramos se encontró con corredores de otros lugares y compartió parte del recorrido con participantes de Canadá, Bariloche y Río Gallegos. Esos encuentros, según contó, ayudaron a mantener la motivación y a transitar la carrera como una experiencia colectiva, más allá de la competencia individual.
“Valió todo, todo, todo sacrificio”, afirmó al recordar el recorrido.
Entrenamiento, constancia y una meta clara
Detrás del resultado hubo meses de preparación y una decisión personal de sostener el entrenamiento incluso en condiciones adversas.
Silvia contó que salió a entrenar con nieve, lluvia y, en ocasiones, con dolores o dificultades personales. La constancia y la capacidad de mantener el objetivo fueron parte fundamental de su preparación para afrontar una distancia que superaba sus experiencias anteriores.
Hasta ahora había corrido pruebas de 42 kilómetros y su principal meta para esta competencia era llegar a la línea de llegada. El segundo puesto en su categoría y el quinto lugar en la clasificación general superaron sus expectativas iniciales.
“Mi meta era terminarlos, nada más. Y bueno, terminé bien”, explicó.
La experiencia también le permitió identificar aspectos a mejorar para futuras carreras, especialmente en la elección del calzado, el recambio de medias y la planificación de las paradas de asistencia.
Lejos de conformarse con el resultado, la corredora ya piensa en el siguiente desafío: alcanzar los 100 kilómetros.
Los próximos objetivos y la búsqueda de apoyo
Silvia explicó que este año eligió participar en competencias que le permitieran sumar puntos dentro del circuito de trail y proyectar nuevos desafíos para la próxima temporada.
Entre sus posibilidades para el año que viene mencionó la carrera Torrencial, en Valdivia, Chile, y la intención de completar otra prueba que le permita seguir avanzando hacia su objetivo de correr 100 kilómetros.
Sin embargo, también señaló que afrontar este tipo de competencias implica un costo económico importante. Los viajes, las inscripciones, el equipamiento específico y la alimentación necesaria para entrenar y competir representan gastos que muchas veces deben cubrir los propios deportistas.
Durante la entrevista reconoció que había solicitado una colaboración para afrontar algunos de esos costos, pero que no pudo concretarla.
“Nosotros lamentablemente, vos sabés muy bien que nos lo hacemos por amor a esto”, expresó al referirse al esfuerzo que realizan quienes practican este deporte.
Por ese motivo, la posibilidad de conseguir acompañamiento económico o patrocinadores podría resultar importante para continuar participando en carreras de mayor exigencia.
El apoyo permitiría cubrir parte de los gastos y facilitar la planificación de una temporada que, de concretarse, tendría como principal meta dar el salto de los 70 a los 100 kilómetros.
Una profesora que también impulsa a otros corredores
La trayectoria de Silvia no se limita a sus propios resultados. Durante la entrevista también se destacó su tarea como profesora y el acompañamiento que realiza a personas que se acercan al running y al entrenamiento.
La deportista contó que varios de sus alumnos comenzaron a correr y progresivamente se animaron a participar en competencias de distintas distancias. Mencionó experiencias de personas que inicialmente no se imaginaban corriendo y que, con entrenamiento y constancia, terminaron completando pruebas de 21 kilómetros y otros recorridos.
Su objetivo, explicó, es volver a compartir salidas y entrenamientos con el grupo una vez finalizada la etapa de preparación específica que demandó el Ultra Freeride.
Al dirigirse a quienes recién comienzan, dejó un mensaje basado en la perseverancia y la confianza personal.
“Que sea constante, que se meta en un objetivo y que digan ‘yo puedo’”, aconsejó. También remarcó que los objetivos deben acompañarse con entrenamiento, compromiso y trabajo sostenido.
La propia experiencia funciona como ejemplo: pasó de considerar que los 42 kilómetros eran su límite a completar una carrera de montaña de más de 72 kilómetros y comenzar a proyectar una distancia todavía mayor.
El trail running crece en la Cuenca Carbonífera
El avance de estos deportistas se da en un contexto de crecimiento del running y el trail en la zona. Durante el programa se destacó la participación de corredores locales en distintas pruebas y se recordó una competencia reciente que reunió a unas 230 personas, de las cuales alrededor de 200 serían de la Cuenca Carbonífera, de acuerdo con los datos mencionados al aire.
La presencia de cada vez más participantes en carreras de montaña muestra el interés que despierta una actividad que combina preparación física, contacto con la naturaleza y desafíos personales.
Para Silvia Inostroza, el segundo puesto en su categoría y el quinto lugar en la general del Ultra Fitz Roy representan mucho más que una posición en una clasificación: son la confirmación de que el entrenamiento sostenido puede abrir nuevas posibilidades y de que los límites personales pueden modificarse con esfuerzo y constancia.
Ahora, con la experiencia de los 72,8 kilómetros, la corredora ya tiene una nueva meta en el horizonte: llegar a los 100 kilómetros y seguir llevando el nombre de la Cuenca Carbonífera a las competencias de trail.