La Virgen de Itatí: fe, tradición y emoción en una peregrinación que une generaciones

Más de 400 mil fieles llegan a Corrientes para conmemorar el 125° aniversario de la Coronación Pontificia de la Virgen Morena. A pie, a caballo o en carretas, la multitud expresa su devoción en una de las manifestaciones religiosas más conmovedoras del país.

Como cada año, pero con una emoción redoblada por los 125 años de su Coronación Pontificia, la Virgen de Itatí volvió a convocar a más de 400 mil peregrinos en una expresión de fe única en el país. Este domingo a las 8 de la mañana partieron desde la localidad Correntina de San Luis del Palmar centenares de peregrinos. Desde el lunes hasta el miércoles, miles de promeseros llegarán desde distintos puntos de la región a la localidad de Itatí, en Corrientes, para venerar a la Reina del Amor, la Virgen Morena.

Montados a caballo, en carretas o a pie, hombres, mujeres y niños recorren decenas e incluso centenares de kilómetros soportando frío, viento y lluvia con un único propósito: estar cerca de su Virgen. Con trajes típicos, caballos adornados y el corazón encendido por la fe, se movilizan en caravanas interminables por caminos rurales y rutas nacionales, protagonizando una tradición que se transmite de generación en generación.

Esta peregrinación centenaria remonta sus orígenes a 1899, cuando el Papa León XIII concedió la Coronación Pontificia a la imagen de la Virgen de Itatí. Desde entonces, cada 16 de julio se renueva la esperanza y el compromiso de miles de fieles que se reconocen como parte de una comunidad elegida por María.

La historia de la Virgen, envuelta en una leyenda guaraní, cuenta cómo fue encontrada varias veces junto al río Paraná, en un paraje bañado por una luz celestial. En ese lugar, hoy se erige su basílica-santuario, epicentro de esta manifestación religiosa que combina sacrificio, fervor y cultura popular.

Este año, bajo el lema “Peregrinos de la esperanza hacia la casa de María”, la celebración alcanza su punto cúlmine a la medianoche del 15 de julio, cuando la imagen sale en procesión por las calles de Itatí, tras recibir el homenaje musical de artistas locales. Al día siguiente, la Virgen protagoniza una emotiva procesión náutica por el río Paraná, donde se encuentra con la Virgen paraguaya de Caacupé en un gesto de hermandad y unidad binacional.

La fiesta finaliza con una procesión de antorchas que recorre nuevamente las calles de la ciudad, dejando tras de sí una estela de luz, devoción y esperanza. Porque quienes llegan hasta Itatí lo hacen movidos por algo más grande que el cansancio: una fe que los sostiene y una Virgen que, para ellos, lo puede todo.

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