Luego del intento de suicidio de su hija de 14 años víctima de bullying, Chantal Micheli decidió visibilizar la problemática y junto a otros padres elaboró un proyecto que busca incorporar en las escuelas una materia que enseñe empatía, contención emocional y detección temprana de conflictos. El caso puso en evidencia la falta de respuesta de instituciones educativas y organismos estatales.

La historia de Chantal Micheli, vecina de Río Turbio, expuso crudamente una situación que se repite en distintas comunidades: el sufrimiento silencioso de niñas y adolescentes víctimas de acoso escolar y la falta de respuestas concretas por parte de las instituciones encargadas de su protección.
Tras meses de denuncias formales, reclamos ante el colegio y presentaciones ante organismos como Niñez y Desarrollo, su hija —de apenas 14 años— intentó quitarse la vida luego de soportar insultos y hostigamientos sistemáticos por parte de un compañero. “Hace cinco meses venimos pidiendo ayuda, pero nadie hizo nada. Nos dijeron que la cambiemos de colegio, como si eso fuera la solución”, relató Micheli.
El caso generó una profunda conmoción en la Cuenca Carbonífera. Desde entonces, Chantal y un grupo de padres comenzaron a trabajar junto a psicólogos sociales en la redacción de un proyecto denominado “Emociones”, que ya fue presentado ante los diputados Daniel Álvarez y Brizuela. La iniciativa propone incorporar una materia obligatoria en el sistema educativo provincial dedicada al desarrollo emocional, la empatía, la resolución pacífica de conflictos y la prevención del acoso escolar.
“Queremos que los docentes estén capacitados para detectar las señales de alerta. El niño que hace bullying también necesita ayuda, porque muchas veces reproduce lo que vive en su casa. Esto no se soluciona cambiando de escuela, sino escuchando y acompañando”, sostuvo Micheli, quien asegura que su familia “llegó a tiempo”, pero que muchas otras no corren con la misma suerte.
El proyecto busca ser tratado en la Cámara de Diputados de Santa Cruz y ya cuenta con el acompañamiento de varias familias, además de profesionales que se ofrecieron a participar en su implementación. “No queremos una ley con el nombre de un niño fallecido. Queremos una ley que escuche, que prevenga y que salve vidas”, expresó Chantal.
El caso volvió a poner en debate la necesidad de políticas públicas activas para abordar el bullying y la salud mental adolescente. “La Patagonia tiene una de las tasas más altas de suicidios juveniles. No podemos seguir mirando para otro lado”, advirtió Micheli, quien dejó su número de contacto para recibir testimonios y adhesiones de otras familias que atraviesan situaciones similares.