Vecinos, instituciones y referentes de la comunidad participaron de la Vigilia por Ni Una Menos en 28 de Noviembre. El encuentro fue un espacio de reflexión colectiva, memoria y compromiso para seguir construyendo una sociedad libre de violencias.

Bajo el frío característico de la Cuenca Carbonífera, pero con el calor de una comunidad que decidió reunirse para no olvidar, la noche del 3 de junio se transformó en un espacio de memoria, reflexión y compromiso en 28 de Noviembre. En el estacionamiento de la Plaza Principal “Martín Miguel de Güemes”, vecinos, instituciones y representantes de distintos sectores sociales participaron de una nueva edición de la Vigilia por Ni Una Menos, reafirmando el reclamo colectivo contra la violencia de género.
La actividad se desarrolló en el marco de un nuevo aniversario del movimiento Ni Una Menos, surgido en 2015 como una respuesta social frente a los femicidios y las múltiples formas de violencia que atraviesan la vida de mujeres y diversidades en todo el país. A una década de aquella primera movilización masiva, la consigna mantiene plena vigencia y continúa convocando a miles de personas que exigen una sociedad más justa e igualitaria.
Durante la vigilia, el silencio, las palabras compartidas y la presencia de la comunidad construyeron un clima de profundo respeto. Cada intervención estuvo atravesada por la necesidad de mantener viva la memoria de quienes ya no están y de fortalecer las redes de acompañamiento para prevenir nuevas situaciones de violencia.






La jornada también fue una oportunidad para reflexionar sobre los desafíos pendientes en materia de igualdad, acceso a derechos y erradicación de las violencias. Desde distintos espacios se destacó la importancia de continuar promoviendo políticas públicas, acciones comunitarias y ámbitos de contención que permitan avanzar hacia una sociedad donde mujeres y niñas puedan desarrollarse libres de miedo y discriminación.
Los nombres de Agostina, Micaela, Candela y Ángeles resonaron durante la noche como símbolos de una lucha que trasciende historias individuales para convertirse en una causa colectiva. Sus memorias, junto a las de tantas otras víctimas, fueron evocadas como parte de un compromiso que la comunidad renovó una vez más: no olvidar, acompañar y seguir trabajando para que ninguna mujer sea víctima de la violencia.
La participación de vecinos y organizaciones locales volvió a demostrar que la construcción de una sociedad más segura e igualitaria requiere del compromiso permanente de toda la comunidad. En cada vela encendida, en cada palabra compartida y en cada gesto de acompañamiento estuvo presente el mismo mensaje: la violencia de género no puede naturalizarse y su erradicación es una responsabilidad colectiva.
En una noche atravesada por la memoria y la esperanza, 28 de Noviembre volvió a decir presente. Lo hizo para recordar a quienes faltan, para acompañar a quienes siguen luchando y para reafirmar que el reclamo de Ni Una Menos continúa siendo una bandera imprescindible en la construcción de una sociedad con más derechos, igualdad y justicia.