Río Turbio: Municipio y escuela se unen para aprender a cuidar el ambiente

Alrededor de 30 estudiantes de quinto año del Colegio Nº 4 recorrieron la planta de reciclado y el Vivero Municipal como parte de un proyecto educativo que busca vincular los contenidos del aula con experiencias concretas y fortalecer el compromiso con los bosques y el ambiente.

La educación ambiental salió del aula y se convirtió en experiencia directa. Alrededor de 30 estudiantes de quinto año del Colegio Nº 4 de Río Turbio participaron de una jornada educativa en el predio de la Secretaría de Producción, Industria, Ambiente y Comunidad de la Municipalidad, donde pudieron conocer de cerca cómo se trabaja con los residuos, el reciclaje, la producción de compost y el cuidado de los espacios verdes.

La actividad forma parte del proyecto educativo “Conocer para pertenecer y cuidar nuestros bosques”, una iniciativa impulsada por el profesor Jonathan Romero que articula las materias Proyecto Sociocomunitario Solidario, Análisis de los Procesos Territoriales en la Patagonia y Proyecto de Investigación en el Ámbito Escolar.

El proyecto, que está a cargo de los profesores Jonathan Romero, Natalia Arce y Cecilia Espíndola, busca que los estudiantes puedan relacionar los conocimientos trabajados en clase con las problemáticas y experiencias concretas de la comunidad.

La propuesta ya había tenido una primera instancia cuando integrantes de la Secretaría visitaron el establecimiento educativo para brindar una charla sobre las tareas que desarrollan las distintas áreas municipales vinculadas con el ambiente y la protección de los bosques. El interés despertado entre los estudiantes llevó a profundizar la experiencia con una visita al predio municipal.

La delegación fue recibida por el subsecretario de Ambiente y Comunidad, Daniel Armendaris, quien acompañó el recorrido y explicó a los estudiantes las diferentes tareas que se desarrollan desde el Municipio.

Uno de los puntos centrales de la jornada fue la planta de reciclado, ubicada junto al Vivero Municipal. Allí los jóvenes pudieron observar cómo se realiza la selección y compactación de materiales como cartón, vidrio y aluminio.

Más allá del funcionamiento técnico de la planta, el recorrido permitió abordar una cuestión cotidiana que muchas veces permanece invisible: qué sucede con los residuos después de que salen de una vivienda.

Separar, recuperar y reutilizar dejan de ser conceptos abstractos cuando los estudiantes pueden observar directamente el recorrido de esos materiales y conocer el trabajo que existe detrás de cada etapa.

“Estas visitas permiten que nuestros jóvenes estudiantes conozcan de manera directa qué sucede con los residuos que generamos y por qué es importante separarlos y reutilizarlos. Queremos que puedan llevar ese aprendizaje a sus casas, compartirlo con sus familias y convertirse en protagonistas del cuidado ambiental de nuestra ciudad”, señaló Armendaris.

Para el docente Jonathan Romero, uno de los aspectos más significativos de la jornada fue el interés que los jóvenes demostraron frente a la problemática de los residuos.

El profesor destacó que muchas de las inquietudes vinculadas con el reciclado surgieron de los propios estudiantes y que la visita permitió poner en contacto a los jóvenes con tareas municipales que se desarrollan durante todo el año, incluso en condiciones climáticas adversas.

“La visita permitió que los chicos conocieran un trabajo que muchas veces no se ve. Las tareas del vivero y del área ambiental continúan durante todo el año, incluso cuando hay nieve, y requieren mucho esfuerzo. También fue muy importante el interés que mostraron por el reciclado, porque es una preocupación que nace de ellos mismos”, expresó Romero.

La frase pone en evidencia uno de los objetivos centrales del proyecto: que los estudiantes no sean solamente receptores de información, sino que puedan identificar problemas de su entorno, formular preguntas y participar en la búsqueda de respuestas.

El recorrido también incluyó el Vivero Municipal, donde los estudiantes conocieron las tareas que se realizan diariamente y observaron el proceso de elaboración de compost.

La práctica permite transformar residuos orgánicos en un recurso aprovechable para la producción y el mantenimiento de espacios verdes. De esta manera, la propuesta educativa volvió a poner sobre la mesa una idea central de la gestión de residuos: no todo lo que se descarta necesariamente pierde su utilidad.

El compostaje aparece así como una herramienta concreta para reducir residuos y, al mismo tiempo, generar un insumo que puede regresar al ciclo productivo.

Para los jóvenes, la experiencia permitió comprender que el cuidado ambiental no depende únicamente de grandes políticas, sino también de acciones cotidianas relacionadas con lo que se consume, lo que se desecha y la manera en que cada persona participa de ese circuito.

La visita tendrá continuidad.

A partir de lo observado durante la jornada, se proyectó una nueva instancia práctica en el Vivero Municipal. En esa oportunidad, los estudiantes trabajarán con estacas obtenidas de árboles podados, que posteriormente serán utilizadas para forestar o reforestar un espacio que todavía deberá definirse.

La actividad será el trabajo final del proyecto educativo y permitirá cerrar el recorrido iniciado en el aula y profundizado durante la visita.

La lógica es clara: primero conocer, después comprender y finalmente intervenir.

En ese proceso, la forestación aparece como una acción concreta que conecta el aprendizaje con el territorio y permite que los propios estudiantes sean protagonistas de una tarea vinculada con el cuidado de los bosques y los espacios verdes.

Como cierre de la jornada, el personal de Ambiente y Comunidad compartió tortas fritas y chocolate caliente con los estudiantes en las instalaciones del ex Tiro Federal, donde actualmente funciona la Secretaría.

El encuentro dejó una experiencia que excede el contenido curricular. La articulación entre el Municipio y el Colegio Nº 4 permitió que los jóvenes conocieran de cerca una parte del trabajo ambiental que se desarrolla en Río Turbio y, al mismo tiempo, acercaran sus propias inquietudes.

La educación ambiental, en este caso, no quedó reducida a una charla o a una consigna escrita en el aula. Se convirtió en un recorrido por una planta de reciclado, en la observación del trabajo de un vivero, en la producción de compost y en la posibilidad de plantar un árbol.

Porque conocer el territorio también puede ser una forma de pertenecer a él. Y cuando ese conocimiento se transforma en una acción concreta, el cuidado del ambiente deja de ser solamente un discurso para convertirse en una responsabilidad compartida.

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