“El hombre que encendió el cielo”: el cine nacido en la Cuenca Carbonífera que busca contar la Patagonia desde adentro

Ariel Arroyo presentó un adelanto del cortometraje realizado en Río Turbio, con William Prociuk y Andrés Fernández como protagonistas. La producción independiente reunió a actores, técnicos, extras y colaboradores de toda la región y contó con el acompañamiento de la Secretaría de Estado de Cultura de Santa Cruz y los municipios.

Río Turbio volvió a convertirse en escenario y protagonista de una historia audiovisual construida desde la propia Patagonia. En una presentación que reunió a integrantes del equipo, artistas y representantes de la comunidad, el realizador Ariel Arroyo dio a conocer un adelanto de “El hombre que encendió el cielo”, un cortometraje que comenzó a tomar forma después de meses de escritura y preparación y que finalmente pudo concretarse a partir del trabajo colectivo de actores, técnicos, extras y colaboradores de la Cuenca Carbonífera.

La producción tiene como protagonistas a William Prociuk y Andrés Fernández, quienes asumieron los roles centrales de una historia que pretende trascender el paisaje como simple escenario para poner en primer plano una identidad profundamente vinculada con el territorio.

Durante la conferencia de prensa, Arroyo repasó parte del camino recorrido para llevar adelante la realización y destacó que detrás de las imágenes que próximamente llegarán al público existe un proceso que involucró a numerosas personas.

Desde la actuación hasta la fotografía, cámara, sonido, vestuario, escenografía, producción y asistencia de dirección, distintas áreas trabajaron durante meses para darle forma a una producción independiente que nació con recursos limitados, pero que fue creciendo a partir de la incorporación de voluntades y capacidades de la región.

Protagonistas y una historia que se construyó en equipo

La participación de William Prociuk ocupa un lugar central en el proyecto. Arroyo recordó especialmente la predisposición del actor para aceptar la propuesta y su compromiso durante el rodaje.

Las jornadas de filmación exigieron largas horas de trabajo y, en algunos casos, se extendieron durante 13 o 14 horas, una muestra de las dificultades que implica sostener una producción audiovisual independiente en la Patagonia.

A esa experiencia se sumó el trabajo de Andrés Fernández, quien durante la presentación también puso en palabras el valor que tienen las expresiones artísticas y los espacios colectivos.

Desde su experiencia vinculada al teatro, Fernández reflexionó sobre el lugar que ocupa el arte como espacio de encuentro, pertenencia y construcción personal. Una mirada que, de alguna manera, también atraviesa el espíritu de un proyecto que logró reunir a personas con distintas experiencias y procedencias alrededor de una misma historia.

Contar la Cuenca sin convertirla solamente en paisaje

Uno de los desafíos que se propuso Arroyo al escribir el guion fue evitar que la Patagonia apareciera únicamente como una postal.

La intención fue que Río Turbio y la Cuenca Carbonífera pudieran reconocerse en los personajes, en sus comportamientos y en la manera de relacionarse.

Para ello, el proceso de escritura demandó varios meses y un aprendizaje permanente alrededor de la estructura narrativa, la construcción de los personajes y los vínculos que se establecen dentro de la historia.

La búsqueda estuvo puesta en incorporar elementos propios de la vida cotidiana de la región: las formas de hablar, comunicarse, caminar y relacionarse, construyendo personajes que no fueran ajenos al territorio donde transcurre la historia.

Así, el proyecto busca que el espectador pueda reconocer algo propio en la pantalla.

Cuando hacer cine también significa resistir

“El hombre que encendió el cielo” es, además, el resultado de una apuesta por producir contenidos audiovisuales lejos de los grandes centros de producción.

Con un presupuesto acotado, el equipo debió resolver cuestiones relacionadas con locaciones, permisos, traslados, logística, equipamiento y organización de las jornadas.

Cada incorporación permitió ampliar las posibilidades de la película.

Actores y extras participaron de los ensayos y las filmaciones, mientras que detrás de cámara se fue consolidando un equipo que asumió diferentes responsabilidades técnicas y artísticas.

El rodaje recorrió distintos puntos de la Cuenca Carbonífera y dejó situaciones que reflejan el esfuerzo detrás del proyecto. Una de ellas ocurrió luego de una extensa jornada de trabajo, cuando el equipo decidió continuar durante la noche para poder completar una escena en 28 de Noviembre.

Son esas historias detrás de la historia las que también explican cómo un proyecto independiente consigue finalmente llegar a la pantalla.

El respaldo institucional

Durante la presentación, Ariel Arroyo destacó especialmente el acompañamiento recibido para concretar la producción.

El realizador agradeció al Gobierno de Santa Cruz, a través de la Secretaría de Estado de Cultura, por el respaldo brindado y por contribuir al desarrollo de una iniciativa audiovisual surgida desde el sur de la provincia.

También reconoció la colaboración de los municipios que acompañaron diferentes etapas del proyecto, particularmente en cuestiones relacionadas con locaciones, permisos, traslados y logística.

Pero hubo un reconocimiento que atravesó especialmente la presentación: el destinado al staff local.

Porque detrás de una producción de estas características no solamente están quienes aparecen en los créditos principales. También están los técnicos que resuelven problemas, quienes colaboran con la escenografía, quienes ayudan con el vestuario, los extras, asistentes, vecinos y todas aquellas personas que aportan tiempo y trabajo para que una escena finalmente pueda ser filmada.

Una industria que busca hacerse lugar

La presentación del cortometraje también permitió poner sobre la mesa una discusión más amplia: las posibilidades de desarrollar una producción audiovisual propia en Santa Cruz y, particularmente, en la Cuenca Carbonífera.

En una región acostumbrada a ser mostrada desde afuera, producir historias propias implica también disputar la posibilidad de construir una mirada.

La Patagonia tiene paisajes reconocibles en todo el país, pero detrás de esos paisajes existe una sociedad con historias, personajes, conflictos, sueños y formas de vida que también pueden ser contados desde una cámara.

En ese sentido, experiencias como la de “El hombre que encendió el cielo” permiten pensar en la posibilidad de generar una red audiovisual regional, donde actores, realizadores, fotógrafos, técnicos, músicos y jóvenes interesados en el sector puedan encontrar espacios para desarrollar sus proyectos.

Arroyo destacó, precisamente, la aparición de nuevos realizadores y jóvenes que comienzan a producir videoclips y otros contenidos audiovisuales en la región.

El desafío ahora es que esas experiencias no queden aisladas.

Del rodaje al encuentro con el público

Después de meses de trabajo, “El hombre que encendió el cielo” atraviesa una nueva etapa: la de encontrarse con quienes hicieron posible que la historia pudiera ser contada.

El adelanto presentado permitió conocer parte del resultado, pero también abrió la expectativa por el estreno y las futuras proyecciones.

Con William Prociuk y Andrés Fernández en los roles protagónicos y Ariel Arroyo al frente de la realización, el cortometraje representa una nueva producción audiovisual surgida desde Río Turbio.

Pero, sobre todo, representa una idea que atraviesa todo el proyecto: que hacer cine desde la Patagonia no tiene por qué ser una excepción y que las historias de la Cuenca también pueden ocupar un lugar en la pantalla.

“El hombre que encendió el cielo” nació como una producción independiente, pero terminó convirtiéndose en un proyecto colectivo. Y detrás de sus imágenes quedan meses de trabajo, jornadas interminables, talento regional y una comunidad que decidió apostar a contar una historia desde el lugar donde vive.

Porque cuando una comunidad empieza a contar sus propias historias, también empieza a construir su propia mirada sobre quién es y sobre el territorio que habita.

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