El área de Ambiente y Comunidad de la Municipalidad visitó el Colegio Santa Cruz y desarrolló una jornada educativa con estudiantes de segundo grado. A través de juegos, charlas y actividades prácticas, los chicos aprendieron a separar residuos, conocer los materiales reciclables y aprovechar los desechos orgánicos.

La educación ambiental también se construye en las aulas y, muchas veces, comienza con acciones tan sencillas como aprender a separar un residuo, reconocer qué materiales pueden ser recuperados o descubrir que aquello que habitualmente termina en la basura puede transformarse en un nuevo recurso.
Con esa mirada, personal del área de Ambiente y Comunidad, dependiente de la Secretaría de Producción, Industria, Ambiente y Comunidad de la Municipalidad de Río Turbio, visitó el Colegio Santa Cruz para compartir una jornada educativa con alumnos y alumnas de segundo grado A, B y C.
La actividad surgió a partir de una solicitud realizada por la propia institución educativa y permitió acercar a los más pequeños conocimientos relacionados con el reciclaje, el compostaje, la lombricultura y el aprovechamiento responsable de los residuos.
La propuesta estuvo pensada para que los estudiantes no fueran solamente espectadores. Mediante charlas, juegos y diferentes actividades adaptadas a su edad, el equipo municipal buscó que los chicos pudieran comprender, participar y llevarse herramientas concretas para aplicar también en sus hogares.
Uno de los principales ejes de la jornada fue la importancia de realizar una correcta separación de los residuos.
Los estudiantes pudieron conocer qué materiales pueden recuperarse y cuál es el recorrido que realizan aquellos elementos que son depositados correctamente para su posterior tratamiento.
En ese marco, el personal municipal explicó también el funcionamiento de los Puntos Verdes y el trabajo que se desarrolla en el Centro de Reciclaje, acercando a los alumnos una mirada más concreta sobre lo que sucede con los residuos una vez que salen de las viviendas.
La intención es que los chicos puedan comprender que separar no significa simplemente colocar cada residuo en un recipiente diferente, sino formar parte de una cadena que permite recuperar materiales, reducir la cantidad de basura y disminuir el impacto sobre el ambiente.
La jornada también permitió introducir a los estudiantes en el mundo del compostaje y la lombricultura.
A partir de ejemplos sencillos, se explicó que una parte importante de los residuos que se generan diariamente es de origen orgánico y que puede ser aprovechada para producir abono natural.
El compostaje permite transformar determinados residuos orgánicos en un recurso útil para la tierra, mientras que la lombricultura constituye otra alternativa para aprovechar estos materiales y obtener humus.
De esta manera, los estudiantes pudieron acercarse a conceptos vinculados no solamente con el cuidado ambiental, sino también con la producción y el aprovechamiento de los recursos.
El cierre de la actividad tuvo un componente especialmente práctico.
Cada estudiante tuvo la posibilidad de plantar una semilla de caléndula y recibió además una muestra de humus.
La propuesta permitió llevar a la práctica algunos de los conceptos abordados durante la jornada y generar una experiencia concreta para que los chicos pudieran continuar en sus hogares.
La idea detrás de la actividad es sencilla: cuando un niño aprende haciendo, el conocimiento puede trascender el aula y llegar también a su familia.
Una semilla plantada, una planta que crece o la separación de los residuos en casa pueden convertirse en pequeñas acciones capaces de construir hábitos sostenibles a largo plazo.
Desde la Secretaría de Producción, Industria, Ambiente y Comunidad destacaron que este tipo de actividades forman parte de una línea de trabajo que busca fortalecer la articulación entre el Municipio y las instituciones educativas de Río Turbio.
El objetivo es desarrollar propuestas destinadas a diferentes edades y acercar a las escuelas conocimientos relacionados con el reciclaje, la producción, la gestión de residuos y el cuidado del entorno.





El secretario del área, Fernando Campos, sostuvo que el trabajo con las instituciones educativas debe ser entendido como una política permanente.
“Desde la gestión del intendente Darío Menna asumimos la articulación con la comunidad educativa como una política pública”.
En esa línea, remarcó que la intención es evitar que las acciones queden reducidas a encuentros aislados.
“No se trata de realizar charlas aisladas, sino de construir un proceso permanente de aprendizaje y participación que nos involucre a todos y que, en este caso, permita a los más pequeños incorporar hábitos responsables para el cuidado de nuestro ambiente”.
La experiencia desarrollada en el Colegio Santa Cruz vuelve a poner sobre la mesa una discusión que atraviesa a cualquier comunidad: el cuidado del ambiente no depende exclusivamente de los servicios de recolección, los controles o las políticas de gestión de residuos.
También requiere información, educación, compromiso y participación ciudadana.
En ese proceso, las escuelas ocupan un lugar fundamental. Son espacios donde los hábitos pueden comenzar a construirse desde edades tempranas y donde los conocimientos adquiridos por los estudiantes pueden trasladarse posteriormente a sus familias.
La separación de residuos, el reciclaje, el compostaje y la reutilización pueden parecer acciones pequeñas frente a los grandes desafíos ambientales, pero su incorporación cotidiana permite generar cambios sostenidos.
La respuesta del Municipio a la solicitud del Colegio Santa Cruz también refleja la importancia de la articulación entre las instituciones y el Estado local.
El objetivo planteado por la gestión del intendente Darío Menna es continuar acercando los equipos municipales y sus conocimientos a las escuelas, generando espacios de aprendizaje que permitan involucrar progresivamente a toda la comunidad.
En este caso, fueron los alumnos y alumnas de segundo grado quienes se convirtieron en protagonistas de una jornada que combinó educación, ambiente y producción.
Aprender qué hacer con un residuo, descubrir que los restos orgánicos pueden convertirse en abono o plantar una semilla pueden ser experiencias sencillas, pero también pueden convertirse en el comienzo de hábitos que acompañen a una persona durante toda su vida.
Porque una ciudad más limpia y ambientalmente responsable no se construye solamente desde las políticas públicas. También se construye en las escuelas, en las familias y en cada hogar.
Y enseñar a cuidar desde pequeños significa, en definitiva, comenzar a construir desde hoy el Río Turbio del futuro.